Propósitos de año nuevo… docente

Propósitos de año nuevo… docente

Propósitos de año nuevo… docente

Al comienzo de nuestro verdadero año nuevo, el inicio del curso escolar, muchos docentes nos hacemos buenos propósitos. En esta entrada, muy personal, os comparto los míos, que van dirigidos no solo a mejorar algunos aspectos en lo profesional, si no también a intentar mejorar la salud mental y física, que tantas veces se resienten a lo largo del curso.

Todos los años, por estas fechas, cuando comienzo a ver anuncios de “la vuelta al cole” por doquier, se me hace un pequeño nudo en el estómago, al pensar que las vacaciones acabarán pronto y empezará la vorágine. Los que no son docentes pensarán que estoy exagerando, y que soy una blanda quejica… pero nosotros los profes sabemos que es así: cuando comienza el curso, comienza una verdadera vorágine de multitud de cosas por hacer. 

Volviendo a la “vuelta al cole”, siempre pienso que detrás de estos anuncios hay un alma malvada cuyo verdadero fin es amargarnos la vida a los profes, en penitencia por nuestros tres meses de vacaciones (o cuatro). Os pido disculpas, queridos colegas, por que este año soy yo la que viene con el cuento de la tan temida vuelta; aunque, de verdad de la buena, mi intención es reflexionar y proponerme hacer algunos cambios en mi forma de hacer las cosas para intentar que la vorágine no sea tan arrolladora y poder tener un poquitín de vida personal.

Quizás alguno de estos propósitos os sirvan, aunque somos muy diferentes y seguramente vuestras necesidades sean distintas de las mías. Yo llevo 23 años en la docencia (me parece increíble) y mi visión puede distar mucho de la de compañeros con otras circunstancias, inquietudes, caracteres… Sería estupendo que compartierais vuestros propios propósitos como comentarios a esta entrada.

En un principio, había pensado intentar escoger solo 5 propósitos, pero me ha resultado imposible ceñirme a esa cifra. En fin, intentaré no daros demasiado la turra… Allá vamos:

1. Dormir

Ahora mismo imagino que estaréis pensando, ¿y viene esta señora ahora a contarnos que es importante dormir? Os entiendo perfectamente… pero en mi caso, sabiéndome la teoría al dedillo, no consigo sacar el tiempo de sueño que mi cuerpecillo, y mi coco, requieren para su funcionamiento óptimo. No sé si soy la única burra que, aún sabiendo perfectamente lo positivo que sería para mi vida, incluyendo mi actividad docente, dormir las horas necesarias; no lo consigo. Así que este nuevo año docente es este mi propósito principal. Creo que también os sabéis la teoría: hay que ponerse un horario (y respetarlo), y evitar a toda costa meterse en la cama con el móvil (¡invento del diablo!!).

Fuente: Jade Elliott

2. Hacer ejercicio físico

Ya estamos de nuevo con obviedades… ¡Pero es que a los profes nos cuesta muchísimo sacar tiempo para cuidarnos! Colegas, hay que buscar ese tiempo, sí o sí, para mover nuestros castigados cuerpos. Deberíamos pensar que el ejercicio físico es una actividad tan imprescindible como el comer, o el dormir. Creo que los que sois más jóvenes tenéis más interiorizada la importancia de la actividad física, pero no es el caso con los más talluditos (y menos con las perezosas como yo, lo confieso). De nuevo lo que ya sabemos: elegir una actividad que nos guste y ponernos un horario. Y si conseguimos engañar a alguien para que nos acompañe, mejor. Nosotros somos el principal recurso para nuestras clases, y si nos encontramos bien, seremos mejores docentes (aunque no haya fuegos artificiales en nuestras clases).

3. Limitar el tiempo de móvil

¡Y seguimos con la lista de obviedades! Yo, como madre de dos adolescentes, estoy aterrorizada con la cantidad de tiempo que pasan mis hijos con el móvil (aunque intento controlarlo, reconozco abiertamente que no lo consigo muy satisfactoriamente). Pero lo que a ellos no les cuento es que mi tiempo en Instagram, Twitter (o X, que no me acostumbro), etc., es claramente excesivo, y gran parte de dicho tiempo podría dedicarlo a otras tareas, o simplemente a descansar. ¿Cómo conseguir reducir este tiempo? Sinceramente, no lo sé. Algunas ideas: no llevarlo nunca nunca a la cama (de nuevo), no tenerlo a mano mientras estoy trabajando, … ¡tirar el móvil por la ventana!.

Fuente: Foto: Getty Images/iStockphoto

4. Poner el foco en la disciplina

Ya hemos llegado, al fin, a los propósitos más relacionados con nuestra bonita, y muy exigente, profesión. Todos los años, al comienzo de curso, me propongo poner el foco en conseguir que mis alumnos se comporten adecuadamente, para que las interferencias con el aprendizaje sean las menos posibles. Pero, pasado un tiempo, me centro en otros aspectos y la disciplina en el aula comienza a relajarse. ¡Craso error! Creo que, en parte, ocurre porque pienso, inconscientemente, que el tiempo dedicado a la gestión del comportamiento es un tiempo perdido. Nada más lejos de la realidad; si conseguimos que el comportamiento de nuestros alumnos mejore, la calidad de nuestras clases mejorará enormemente, y nuestro agotamiento emocional disminuirá. Así que este nuevo curso haré del mantenimiento de la disciplina en mis clases una prioridad absoluta. Para daros algunas ideas podéis leer mi entrada en este mismo simbiótico blog titulada: Cómo mejorar el comportamiento del alumnado en clase (en la que vuelvo a demostrar que me sé, más o menos, la teoría, pero la práctica… bueno, pasemos al siguiente propósito).

5. Organizarme y planificar

En este aspecto conozco a muchas de vosotras que sois unas hachas (en los últimos años mis compañeras siempre han sido mujeres), pero yo soy bastante caótica y eso repercute negativamente en mi desempeño y mi bienestar. ¡Estoy confesando demasiadas debilidades en esta entrada! Pero este año, de verdad de la buena, voy a planificar los contenidos de cada asignatura a lo largo del curso, los temas (o unidades didácticas, o situaciones de aprendizaje, o lo que sea, creo que me entendéis). Y voy a intentar planificar las semanas. Me explico, como nuestro horario se repite semanalmente, voy a asignar un momento fijo para algunas tareas que siempre tenemos que hacer: preparar las clases de cada asignatura, corregir tareas, pedir información de alumnos a los compañeros (cuando somos tutores), etc.

6. Corregir al día (o casi)

Siempre me costó mucho trabajo corregir exámenes, y me llevó mucho tiempo. Y pensaba, ilusa de mí, que esta ingrata labor me iría costando menos con el tiempo. Tengo que deciros, a los que lleváis poco tiempo, que me ha ocurrido al contrario, cada vez lo llevo peor; y, comentando con compañeros, no soy la única. No voy a entrar en el debate de si hay que hacer o no exámenes. Yo, de momento, no he encontrado otra fórmula mejor para poner notas al alumnado, como se nos exige. Además, los exámenes son una buena oportunidad para el aprendizaje, al obligar a nuestra clientela a evocar lo aprendido. En fin, buenos, malos o regulares; hay que corregirlos. Así que yo, normalmente, cuando tengo que corregir, encuentro mil millones de cosas más interesantes y “urgentes” que hacer: hacer una presentación monísima, decorar el departamento, ordenar papeles, e incontables y diversas tareas. Como ya sabréis, este comportamiento tiene un nombre: procrastinar (soy una experta). Así que este año voy a corregir en cuanto tenga los exámenes (trabajos, etc.) en mis manos. Y si las clases del día siguiente son un churro, qué le vamos a hacer.

7. Reflexionar

No sé vosotros, pero yo paso mis días como vaca sin cencerro. De una clase a otra, de una tarea a otra, sin parar un poquitín a pensar qué ha pasado importante en el día, qué ha funcionado y qué no. Por eso me gustaría, este nuevo año docente, darme tiempo para reflexionar sobre mi práctica docente. De nuevo es importante buscar el momento en el día en que lo quiero hacer; justo al sentarme por la tarde antes de empezar a trabajar, por ejemplo. Mis compañeras del blog en abierto tienen dos entradas muy valiosas para ayudarnos en esta reflexión. Inés Naya escribió la entrada titulada “Haciendo balance del curso: crea tu propio plan de mejora”, en la que nos propone pensar acerca de lo que fue bien y lo que no fue tan bien el curso pasado, para mejorarlo este inminente próximo curso, y María Victoria Castillo nos propone en su entrada “Querido diario” que llevemos un diario docente que nos sirva como una útil herramienta de autoevaluación de nuestra práctica.

8. Hacerles pensar

Cuando, dentro de menos de un mes, esté en frente de mis alumnos, además de intentar que se comporten medianamente bien, me planteo como prioridad esencial hacerles pensar, que salga humo por esas orejillas, que sus neuronas se desperecen y se pongan en marcha. Es la condición principal para que el aprendizaje sea activo, pensar y darle sentido a lo que están aprendiendo. Puede ser mediante mis explicaciones (por supuesto, con preguntas constantes; ver la entrada: “¡Más preguntas, por favor!”, o también “Cómo dar vida a una clase magistral”), o mediante distintos tipos de actividades, individuales o en grupo, gamificadas o no, usando las TIC o escribiendo a mano… pero diseñadas para ponerles a pensar, a todos los alumnos, no solo a los pocos que siempre quieren participar.

Fuente: USIL Blog

9. Priorizar profundidad frente a cantidad

En cuanto al currículo, en muchas de nuestras materias es tan extenso que apenas podemos profundizar. Por ello, mi propósito para este año es centrarme en que los conceptos más importantes se fijen y queden claros, trabajándolos en profundidad. Para ello será necesario recortar en aspectos más superfluos de los contenidos. Por ejemplo, en primero de la ESO no tiene mucho sentido que se aprendan el nombre de los distintos tipos de protozoos si no les ha quedado clara la diferencia entre la célula eucariota y procariota. Expresado de otra manera, intentaré buscar aquellas ideas clave, que son importantes para la comprensión en profundidad de la asignatura y para años venideros, e intentaré asegurarme de que los aprendan.

10. Tratar en clase los problemas ambientales

Con la actual crisis ambiental que vivimos me parece importantísimo dotar de herramientas al alumnado para que comprenda sus causas, sus consecuencias y, desde luego, las posibles soluciones que es necesario que adoptemos cuanto antes. Así que me he propuesto tratar los problemas ambientales que actualmente amenazan a la biodiversidad terrestre, y a nuestra propia especie, siempre que pueda: mediante ejemplos, en actividades, proyectos, prácticas de laboratorio, etc. Por ejemplo, al estudiar la fotosíntesis se pueden analizar las consecuencias de la deforestación sobre la biodiversidad, el cambio climático, etc.

11. Huir del perfeccionismo

Como de la peste. ¿Habéis leído en alguna ocasión algún artículo, o capítulo de libro, web, etc., que hable de las cualidades que debe tener un buen docente? Yo he leído bastantes, y al parecer tenemos que ser una especie de seres de luz ecuánimes, creativos, calmados permanentemente, con autoridad pero no autoritarios, amables pero sin colegueo, eficientes, requeteorganizados, y con una innumerable lista de otras cualidades que hacen que, en vez de caminar, nos desplacemos levitando. En fin, tendríamos que ser perfectos. Simplemente, no lo somos. Y quererlo ser es una trampa muy peligrosa en la que muchos caemos, ahora con más facilidad si nos comparamos con los súper profes de las redes sociales. Así que mi principal proposición de año nuevo docente, y por eso la he dejado para el final, es huir del perfeccionismo como de la peste. Desde aquí reivindico el importante papel de los que somos normalicos e intentamos hacer bien e imperfectamente nuestro trabajo. Hace poco descubrí el podcast “Psicología cruda” (disponible en Spotify), de Buenaventura del Charco (ventura psicólogo en redes), y el capítulo 10, titulado “La plaga del perfeccionismo”, me resultó muy esclarecedor, os recomiendo que lo escuchéis. A largo plazo, el perfeccionismo nos lleva a quemarnos; en esta entrada del blog, titulada “Burnout docente: ¡no te quemes!” comenté algunas maneras para intentar evitarlo.

Este verano, en un curso que hice que trataba de la divulgación científica, en una sesión acerca de cómo realizar una buena entrevista, nos colocaron en parejas para practicar entrevistando a un compañero. A mí me tocó entrevistar a un investigador joven cuyo campo de trabajo es el espectro autista en niños. La ponente del taller me sugirió que le preguntara si él quería ser como Einstein (anteriormente se había puesto como ejemplo de una entrevista extraordinaria la que le hizo el periodista George Sylvester Viereck a Einstein en 1929). Su respuesta me encantó. Él me dijo que no, que para él lo importante para el avance de la ciencia es mucha gente normal, mediocre si queréis, trabajando honestamente y haciendo  sus modestas aportaciones al conocimiento científico. Creo que la misma idea podemos aplicarla a la educación: darle valor al trabajo de la gran mayoría de profes, que no somos genios pero trabajamos para contribuir a la educación de nuestros niños y jóvenes.

Ya veis que no he cumplido mi intención inicial y me he propuesto muchas cosas… Me encantaría saber vuestra opinión acerca de mis propósitos, y que añadierais en comentarios los vuestros propios. ¡Os deseo un muy feliz año nuevo docente!

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