Seguramente ya sepas que los minerales tienen cierta estructura cristalina, es decir, son sólidos bien ordenados, como el diamante, el cuarzo o el yeso. ¿Pero alguna vez te has preguntado por qué algunos cristales son tan grandes como un autobús (cueva de Naica) y otros tan pequeños que apenas los puedes apreciar a simple vista? ¿Y cómo saben los átomos dónde tienen que ponerse para que todo quede ordenadito?
En esta práctica, recrearemos en el laboratorio procesos que ocurren a grandes profundidades, a temperaturas de cientos de grados y durante cientos, si no miles, de años. Pongamos que una gran masa de magma (rocas fundidas) asciende hasta la corteza pero sin llegar a salir a la superficie. Poco a poco, se irá enfriando y solidificando. Durante este enfriamento, los elementos que hay en el magma empezarán muy lentamente a ordenarse, juntándose poco a poco para formar cristales sólidos que se irán separando del magma. Estos irán creciendo en tamaño, haciéndose cada vez más grandes. De hecho, cuanto más tarde el magma en enfriarse, más grandes serán los cristales que se formen.
Con el sulfato de cobre y el agua pasará algo parecido. Calentaremos el agua para que disuelva más sulfato de cobre del que podría disolver en condiciones normales, y después dejaremos que se enfríe lentamente. Así, las moléculas de sulfato de cobre tendrán tiempo para ir ordenándose poco a poco y formar cristales.
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