El pasado 1 de octubre, el mundo despidió a Jane Goodall, y con ella se apagó una de las voces más importantes en la defensa de la naturaleza. Su partida nos entristece, sí, pero también nos invita a celebrar una vida extraordinaria, entregada a un ideal: demostrar que los seres humanos no estamos separados del resto de la vida en la Tierra, sino que formamos parte de un mismo entramado vital.
Cuando una persona dedica su vida a defender una causa, su ejemplo y sus ideas continúan teniendo fuerza incluso después de su muerte. Eso fue lo que ocurrió con Jane Goodall (1934-2025), la científica y activista británica que cambió para siempre la manera en que entendemos a los animales y a nosotros mismos. Fiel a su espíritu incansable, murió con las botas puestas, durante su gira de conferencias en Los Ángeles, a los 91 años, llevando hasta su último día su mensaje de conservación, empatía y esperanza.

Foto: Europa Press vía Associated Press
Su legado va más allá de los libros de texto de Biología; es una lección de vida, de vocación y de cómo una sola persona puede cambiar nuestra forma de entender el mundo.
Esta entrada no solo pretende recordar su biografía y su papel esencial en la investigación científica y la conservación, sino también ofrecer propuestas concretas para introducir su figura en el aula. Gracias a su profundo compromiso ecosocial, la vida y obra de Jane Goodall se convierte en un recurso didáctico transversal, capaz de conectar ciencia, valores y ciudadanía. Su vida es una invitación a aprender, reflexionar y actuar desde la esperanza… y a sembrarla también en el aula.
Una vida dedicada a la conservación
Jane Goodall nació en Londres en 1934 y, desde muy niña, le encantaban los animales. Aunque no tenía título universitario todavía, su gran deseo de ir a África se impuso. En 1960, con solo 26 años, se presentó en el Parque Nacional Gombe Stream, en Tanzania, para comenzar su estudio con los chimpancés. Fue el conocido paleoantropólogo Louis Leakey quien vio su potencial y su dedicación, y confió en ella para iniciar esa investigación pionera en el mundo de los chimpancés salvajes.
Leakey acertó. La metodología que Jane adoptó supuso una ruptura radical con la ciencia de su tiempo. Mientras la tradición académica exigía que los investigadores se mantuvieran distantes y usaran números para catalogar a los animales, Jane, de forma natural, decidió seguir su instinto. Se integró en su hábitat, llegando a convivir casi a diario con ellos y, lo más transgresor para la ciencia: les puso nombres. Así conocimos al inolvidable David Barbagrís. Fue precisamente esta observación, mantenida con una paciencia increíble durante décadas, lo que obligó a la Etología (el estudio del comportamiento animal) a cambiar por completo. El hallazgo que lo revolucionó todo fue ver a los chimpancés modificando ramitas para “pescar” termitas. Este acto de fabricación de herramientas rompió el viejo dogma de que solo el Homo sapiens podía hacerlo, forzando a la ciencia a reescribir nuestra propia definición de “ser humano”.
Pero su aporte fue mucho más allá de las herramientas. Jane demostró que los chimpancés tienen personalidades, experimentan emociones complejas, forman lazos sociales duraderos e incluso manifiestan luto, comportamientos que antes se creían exclusivos de nuestra especie. Además, documentó sistemas sociales sofisticados, formas de comunicación y hasta una “guerra” organizada entre grupos. Con estos hallazgos, el propio Leakey pronunció su famosa frase: “Ahora debemos redefinir al hombre, redefinir las herramientas, o aceptar a los chimpancés como humanos”. El trabajo de Jane fue una lección de humildad para nuestra especie.

Créditos de la imagen: Koops et al (2022).
Goodall no solo cambió lo que sabíamos sobre los chimpancés, sino que también redefinió el lugar de la mujer en la ciencia, abriendo camino a generaciones de investigadoras de campo. Obtuvo su Doctorado en Etología por la Universidad de Cambridge en 1965 sin haber completado un grado de licenciatura, un testimonio de la validez de su trabajo en el terreno.
De la libreta de campo a la activista global por la naturaleza
En los años 80, Jane se dio cuenta de que no podía seguir estudiando a los chimpancés mientras sus hábitats desaparecían a un ritmo alarmante. Este dolor la impulsó a dejar la selva y convertirse en una activista inagotable, viajando hasta 300 días al año.
Para amplificar este mensaje de esperanza y acción, Jane asumió su papel como Mensajera de la Paz de la ONU desde 2002. Esta designación no fue solo un título honorífico; se convirtió en una poderosa plataforma global que le permitió difundir a nivel mundial la urgencia de la conservación y la interconexión entre el bienestar humano, animal y ambiental. Con esta autoridad, utilizó cada foro para transformar la desesperación sobre el futuro del planeta en un llamado a la acción colectiva.
Su estrategia de conservación se materializó en dos herramientas fundamentales. Primero, el Instituto Jane Goodall (JGI), fundado en 1977, que protege a los chimpancés y sus hogares bajo un enfoque pionero, el bienestar de las personas es inseparable de la supervivencia de la vida silvestre. Segundo, el programa juvenil global Roots & Shoots (Raíces y Brotes), diseñado para empoderar a los jóvenes, demostrando que cada persona tiene el poder de generar un impacto positivo.
La elección de vida de Jane de dedicar cada día a llevar este mensaje por el mundo, es el recordatorio más potente de que la lucha por nuestro planeta es una tarea de por vida, impulsada por una esperanza activa que debemos emular.
Por qué trabajar la figura de Jane Goodall en clase: recursos e ideas
La biografía de Jane Goodall es mucho más que una simple narración histórica; es una herramienta educativa de gran impacto que nos permite transformar la clase en un espacio de acción e inspiración. Al introducir su figura en el aula, demostramos que el estudio y el compromiso social no están separados, sino que son interdependientes. Su trayectoria nos ofrece la oportunidad perfecta para que el alumnado conozca su vida y la relacione directamente con la protección de la naturaleza. A continuación, proponemos recursos e ideas para inspirar a los estudiantes a través de su historia, fomentando en ellos la perseverancia, conectando la investigación con la ética y promoviendo una conciencia activa de la responsabilidad ecosocial.
Raíces y Brotes: conectando tu aula con la selva
La biología de Jane Goodall no se encerró en el Parque Nacional de Gombe; trascendió la selva para llegar a la sociedad. En 1991, lanzó Roots & Shoots (Raíces y Brotes), un programa juvenil global que parte de una idea sencilla y poderosa: el equilibrio de la vida depende de la conexión entre tres elementos: personas, animales y medio ambiente. Este proyecto invita a jóvenes de todo el mundo a ser agentes de cambio en sus propias comunidades, demostrando que un pequeño grupo puede lograr un impacto gigante.
Dentro de este espíritu de acción local con impacto global, se desarrolla la actividad “Movilízate por la Selva”. Esta campaña consiste en organizar una recogida de móviles y dispositivos electrónicos en desuso en el centro educativo. ¿Por qué un móvil es tan importante para la selva? La respuesta está en el coltán, un mineral presente en muchos de estos aparatos, cuya extracción incontrolada destruye el hábitat de los chimpancés en África.
Al participar en esta recogida, el alumnado establece una conexión muy clara: sus hábitos de consumo están directamente ligados a la conservación. Los móviles se entregan al Instituto Jane Goodall (JGI), que se encarga de su reciclaje responsable. Los fondos que se obtienen de este proceso se destinan íntegramente al apadrinamiento y cuidado de chimpancés rescatados en el Centro de Rehabilitación de Tchimpounga. Lo más motivador es que el alumnado puede conocer exactamente qué chimpancés se han apadrinado con su esfuerzo, acercándolos emocionalmente al proyecto y demostrándoles que su acción local se traduce directamente en una ayuda solidaria y global que salva vidas.

Para complementar este enfoque, podemos adaptar el espíritu de acción de Jane Goodall directamente al aula con la actividad “Yo como Jane en mi Barrio”. Esta propuesta transforma la teoría ecológica y social en acción cívica palpable.
La clave es que el alumnado se convierta en el investigador de su propio entorno. Trabajando en grupos, deben identificar un problema real en su barrio o comunidad cercana. Puede ser algo visible y concreto, como la acumulación de basura en un parque, el abandono de mascotas o la falta de espacios verdes que fomenten la biodiversidad.
Una vez identificado el problema, la misión es diseñar un plan de acción viable para mejorarlo. Este plan debe ser práctico: podría ser la creación de una campaña de sensibilización, la organización de una jornada de limpieza o una plantación de árboles en un espacio degradado. De esta manera, los estudiantes experimentan de primera mano que el conocimiento que adquieren en clase no es abstracto; la conservación y la mejora del entorno se viven y se ponen al servicio de la comunidad. Así, comprenden que la responsabilidad ecosocial es un ejercicio de ciudadanía que comienza justo fuera de la puerta de su aula.
Análisis de documentales y preguntas guía
Una actividad imprescindible es el visionado de fragmentos de su biografía. Proyectar vídeos es una manera de conectar emocionalmente al alumnado con su historia, transformando la teoría en inspiración real. Para ello, recomendamos utilizar una variedad de recursos audiovisuales que se ajusten al tiempo y al enfoque que se quiera trabajar en clase. A continuación, te proponemos algunos vídeos con posibles preguntas guía. Al centrar la actividad en la ficha de preguntas, el alumnado profundiza en la conexión entre la ciencia y el compromiso ecosocial, utilizando la propia trayectoria de Jane como fuente de inspiración y análisis crítico.
Recursos audiovisuales y preguntas:
- Documentales de alto impacto: proyecta fragmentos de Jane (2017) o Jane Goodall: Razones para la esperanza (2020). Tras el visionado, se pueden plantear preguntas como: ¿Qué descubrimiento de Jane te pareció más sorprendente y por qué? ¿Cuál fue el momento clave que la hizo dejar la selva para convertirse en Mensajera de la Paz? ¿Qué responsabilidad tiene la ciencia una vez que conoce una crisis ambiental?

- Mensaje para la inspiración de las chicas por la ciencia: existen varios fragmentos de BBVA Aprendemos Juntos, pero te recomendamos Mi mensaje a las niñas que quieren ser científicas. Jane Goodall, primatóloga. Es un recurso especialmente recomendable para trabajar en el Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia, ya que combina el valor científico con el mensaje de empoderamiento femenino. Algunas preguntas posibles serían: ¿Qué consejo fundamental le dio su madre a Jane? ¿Cómo utiliza Jane la metáfora del águila para hablar de la igualdad? ¿Crees que la perseverancia es más importante que el talento para ser científico?

- Contenido breve y viral: también es útil incorporar vídeos cortos y actuales, como Lo más viralizado de Jane Goodall de National Geographic o su aparición en el programa La Revuelta de TVE. Este tipo de contenidos acercan su figura al alumnado joven y muestran cómo una científica puede comunicar con humor, naturalidad y emoción. Algunas preguntas para el debate podrían ser: ¿Cómo consigue Jane captar la atención de audiencias tan distintas (científica, general, joven)? ¿Crees que humanizar a los chimpancés (nombrarlos) facilita o dificulta su protección?

- Contenido Específico: finalmente, se pueden incluir vídeos cortos del Instituto Jane Goodall España (@janegoodallespana) o presentaciones interactivas creadas en Genially, que ofrecen un formato más atractivo para el alumnado y facilitan conocer la biografía de Jane de una forma dinámica y cercana. Las preguntas pueden orientarse hacia la acción: ¿De qué manera el trabajo del Jane Goodall demuestra que el bienestar de las personas está ligado al de los animales? ¿Cómo podría tu clase participar en una campaña de sensibilización similar a las que promueve el Instituto?

Las tres pioneras: lectura y debate sobre el legado en la ciencia
Otra actividad esencial para enriquecer la biografía de Jane Goodall es enmarcar su figura dentro del grupo de las conocidas como “Las Tres Pioneras” (The Trimates), junto a la primatóloga estadounidense Dian Fossey (estudio de gorilas) y la canadiense Biruté Galdikas (estudio de orangutanes). Las tres fueron enviadas a África por el famoso paleontólogo Louis Leakey.
La actividad consiste en la lectura y análisis del legado de estas tres mujeres que “miraron a los primates de tú a tú”. Puedes utilizar artículos y reportajes que comparen sus trayectorias, sus métodos y el impacto de sus descubrimientos.

Objetivos del Debate:
- Superando Desafíos: Comparar los desafíos que cada una enfrentó en un campo que era muy estricto en el siglo XX, destacando su valentía y su rol como modelos a seguir para las nuevas generaciones de investigadores.
- Métodos y Vínculos: Contrastar los métodos de observación de cada una (por ejemplo, el enfoque más personal de Jane Goodall) y debatir cómo el vínculo con los animales afectó su trabajo y su posterior activismo.
- Conservación Global: Analizar cómo el trabajo de campo de cada una se convirtió en un motor para la conservación global de sus respectivas especies, y qué lecciones pueden extraerse de sus luchas contra la caza furtiva y la destrucción del hábitat.
Esta actividad no solo amplía el conocimiento sobre los grandes simios y su conservación, sino que refuerza el mensaje sobre la perseverancia y la necesidad de una ciencia impulsada por la pasión y la ética.
Conclusión: La huella inolvidable de la esperanza
El legado de Jane Goodall sigue latiendo con fuerza. Nos recuerda que cuidar del planeta no es una moda ni una tarea pasajera: es una forma de vivir, una actitud que se alimenta de lo que ella llamaba “esperanza activa”. Esa esperanza que no se conforma con desear un mundo mejor, sino que sale a construirlo cada día, desde una clase, un bosque o una simple conversación.
Tuve la suerte de escucharla en directo el pasado mayo, durante su última visita a España, en Málaga, y fue un momento que difícilmente olvidaré. La sala estaba repleta y el público, en un silencio expectante, escuchábamos a una mujer menuda y radiante, con una voz suave pero capaz de mover montañas. En su discurso habló de los chimpancés, de la naturaleza y de la juventud; se percibió un respeto profundo… y luego una ovación que pareció no tener fin.
Aquel día comprendí que su vida fue mucho más que una vida dedicada a la ciencia: fue una lección de humanidad. Jane no solo estudió la naturaleza; la amó, la defendió y nos enseñó a hacerlo también. Su ejemplo sigue ahí, como una semilla que germina en cada gesto de quienes creemos que aún hay tiempo para cambiar las cosas.
Por recordarnos que cada gesto cuenta, que la ciencia sin corazón no basta y por la esperanza que sembraste.
Gracias, Jane.
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