La siguiente entrada trata el huerto escolar como una de las herramientas educativas en auge en los tiempos en los que la educación está sufriendo un proceso de remodelación y reestructuración. La llegada de las situaciones de aprendizaje, el contexto y las metodologías activas hace que se encuentren nuevas formas de favorecer el aprendizaje significativo. El huerto escolar es una de las formas más valiosas ya que, además, conecta a los alumnos con la naturaleza y los aleja del mundo virtual. Este proyecto mejora las competencias científicas y ambientales, desarrolla hábitos saludables, aplica el trabajo cooperativo, la responsabilidad, la creatividad y educación en valores como el cuidado del entorno y el respeto por los recursos. También se menciona su impacto positivo en la motivación del alumnado y en la inclusión, ya que permite trabajar contenidos de forma práctica y adaptada a diferentes ritmos.
Si te interesa este tipo de recursos relacionados con el medio ambiente y la ecología, también puedes echar un vistazo a la entrada sobre ideas para trabajar las 5J en clase.
¿Por qué utilizar el huerto escolar como una herramienta de aprendizaje?
La educación está en constante reinvención, lo que antes no nos imaginábamos como metodología educativa, hoy puede ser una de las mejores armas para luchar contra el desinterés de los alumnos y alumnas. El proyecto de huerto escolar se ha consolidado como una iniciativa de gran valor pedagógico y social en los centros educativos. Más allá de la actividad práctica de cultivar, representa una herramienta educativa integral que conecta a los estudiantes con la naturaleza y la realidad de la producción de alimentos. Su importancia radica en los múltiples beneficios que aporta al proceso formativo y al bienestar general de la comunidad escolar. Por otro lado, permite un aprendizaje transversal desde todas (sino casi) las áreas educativas presentes en los centros.
Este tipo de proyecto se encuentra respaldado por la nueva Ley Orgánica 3/2020 (LOMLOE) ya que promueve el trabajo por proyectos interdisciplinares, el aprendizaje competencial, la educación ambiental, la educación para el desarrollo sostenible y la adquisición de hábitos saludables (artículos 2 y 6).
Por otro lado, ayuda a la consecución de competencias clave como la Competencia en comunicación lingüística (CCL), la competencia matemática y en ciencia, tecnología e ingeniería (STEM), la competencia personal, social y de aprender a aprender (CPSAA), la competencia ciudadana (CC) y la competencia en conciencia y expresión cultural (CCEC) entre otras.
Por último, el huerto escolar constituye un recurso pedagógico globalizador, que fomenta la experimentación, la observación, la investigación, la cooperación y el pensamiento crítico, en consonancia con los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS):
- ODS 2: Hambre cero y agricultura sostenible.
- ODS 4: Educación de calidad, inclusiva y equitativa.
- ODS 12: Producción y consumo responsables.
- ODS 13: Acción por el clima.
- ODS 15: Vida de ecosistemas terrestres.
Por ello, la forma en la que el huerto escolar se introduce en el marco de la LOMLOE lo convierte en un aprendizaje competencial y transversal que permite desarrollar todos los elementos del currículo de la ESO y Bachillerato de forma significativa, práctica y sostenible. Además, refuerza los valores cívicos, la conciencia ecológica y la participación activa del alumnado, respondiendo plenamente al espíritu transformador de la nueva ley educativa.
¿Por dónde empezar?
Si eres pionero en la introducción de un proyecto similar en el centro es importante que tengamos en cuenta el lugar donde se va a querer/poder plantear este proyecto. Hay que tener en cuenta la cantidad de luz que llega y la posibilidad de un riego automático (sobre todo mirando a las temporadas vacacionales en las que ni profesores ni alumnos/as nos encuentramos en el centro para regar). Por otro lado, hay que plantear los cercos. Lo ideal es generar una serie de bancales donde el lugar de trabajo esté acotado y más organizado (estos no deben sobrepasar los 2 metros de largo y los 1,25 metros de ancho). Las traviesas tratadas serían una opción perfecta (mínimo de 4 cm de grosor y 20 cm de altura), sin embargo, también son una opción cara (sustituibles, por ejemplo por unos cercos de cemento o similar).
En caso de no contar con espacio para construir o trabajar con las infraestructuras anteriores se podría plantear un proyecto similar con macetas en una estructura tipo invernadero escogiendo macetas de tamaño grande y trabajando de la misma forma pero con macetas.
Una vez contamos con las infraestructuras solo hay que coordinarse con todos los docentes que quieran participar (con proyectos transversales o no) de forma que se organice al alumnado y se siga un cronograma concreto para que todos el alumnado que quiera pueda tener acceso al cuidado y vigilancia del huerto.
¿Quién puede ayudarnos a llevarlo a cabo?
Es cierto que el proyecto de huerto escolar es un proyecto que lleva mucho trabajo de mano de obra docente, además de (al menos al principio si no se tiene montado) un coste económico. En Madrid existe una “Red de Huertos Escolares” que aportan recursos y formación a los docentes de diferentes niveles educativos para orientarlos en este tipo de proyectos. Si no te encuentras en Madrid centro, los ayuntamientos también ponen a disposición diferentes recursos y formaciones para que se lleven a cabo este tipo de proyectos. Por otro lado, hay múltiples asesorías que, en caso de necesitar un poco de apoyo o resolver dudas son muy socorridas. De igual forma, si no eres de Madrid estoy seguro que existe una ayuda similar en tu Comunidad Autónoma.
En cuanto a mano de obra, bien se sabe que es un trabajo entre los docentes y el alumnado, sin embargo, este proyecto ofrece una posibilidad de colaboración transversal con muchas de las asignaturas que, a priori, parece que nada tienen que ver con el huerto. Por ejemplo, desde matemáticas se puede calcular la superficie del huerto, el diseño del mismo y el volumen de tierra que va a necesitarse; desde tecnología o plástica se pueden construir los típicos hoteles para insectos; desde lengua se puede trabajar el origen del nombre en latín las especies plantadas y con ello trabajar el vocabulario en inglés… Con esto se quiere decir que las posibilidades colaboración son infinitas. Por último, si el centro cuenta con ello, se puede tratar de incluir a las asociaciones de madres y padres (AMPA).


